lunes, 11 de marzo de 2013

Práctica 3

Tema: Ejercicio con el Metamodelo del lenguaje.

8/03/2013

El ejercicio consiste en ponerse por parejas para trabajar sobre unas frases ya establecidas. Las frases son generalizaciones, eliminaciones o distorsiones a las que nos podemos enfrentar día a día. El objetivo es detectar la violación y elaborar un desafió con la intención de hacer caer en cuenta al interlocutor sobre sus errores en el discurso y a partir de ello, reconducir la conversación.


Ejemplo: Él siempre lo hace así, Siempre es la violación y el desafío sería ¿Estás seguro que siempre lo hace así?



En general, en casi todas las violaciones hemos coincidido, en cuanto al desafío hemos presentado preguntas diferentes y diversas  pero con el mismo objetivo, intentar que el interlocutor se dé cuenta de los fallos que está cometiendo y reconducir así el diálogo.

El ejercicio tiene diversos fines, como puede ser responder a una persona utilizando sus mismos patrones para que recapacite en lo expuesto, para obtener información clara y específica acerca de un acontecimiento, opinión o situación, para cambiar creencias, ideas o simplemente evitar generalizaciones, eliminaciones o distorsiones en el lenguaje.

Para finalizar, nos gustaría resaltar la importancia que tiene este ejercicio  a la hora de establecer relaciones de comunicación con otras personas,pues nos permite conocer con más detalle la experiencia completa del otro a través de sus creencias, valores, experiencias personales, etc.

Ya que  a la hora de comunicarnos se  adquiere una gran importancia no solo lo que transmitimos, sino también cómo lo transmitimos, pues esto repercutirá en la conducta tanto en la nuestra como en la de otras personas.





Atentamente: Sonia Fumanal, María Meavilla, Yolanda Paúl y Estefanía Salas

miércoles, 6 de marzo de 2013

Práctica 2


01/03/13


Prejuicios y emociones


Se plantea la siguiente actividad: Cada miembro del grupo debe reflexionar individualmente respecto los prejuicios que siente hacia un grupo de personas en concreto. (Por ejemplo: personas violentas) y  los sentimientos y emociones que le provoca mantener un contacto con éstas. (Por ejemplo: rechazo). Posteriormente, por grupos, se pondrá en común con el objetivo de plantearse cómo llevar a cabo estas situaciones lo más profesionalmente posible.
Sentimos rechazo por:

·                    Maltratadores de personas o animales, en concreto taurinos, violadores y aquellos que dañan a menores.
Los sentimientos que nos producen son miedo, asco, rechazo e incomprensión.

·                    Personas impuntuales.
Los sentimientos que nos producen son enfado, incomprensión y nerviosismo.

·                     Personales que no escuchan.
Los sentimientos que nos producen son impotencia, ira y enfado.

·                    Personas que en el autobús escuchan música sin cascos y que retiran el asiento hacia atrás sin pedir permiso.
Los sentimientos que nos producen son de nerviosismo, enfado, impotencia y ganas de gritar.

·                    Personas excesivamente competitivas, prepotentes, chulas, “sobradas”, que muestran actitudes agresivas.
Los sentimientos que nos producen son rechazo, incoherencia, ira e incomprensión.

·                    Personas materialistas y superficiales.
Los sentimientos que nos producen son de rechazo, asco, impotencia, nerviosismo y enfado.

·                    Personas lentas  y pausadas.
Los sentimientos que nos producen son de nerviosismos, impotencia, frustración, incoherencia e incomprensión.











¿Cómo podríamos atenderles si acuden a pedirnos ayuda?



La mejor forma de enfrentarse a una situación así es siendo profesionales, objetivos, no podemos generalizar o tener prejuicios previos sin dar la oportunidad al paciente/usuario o a la persona de explicar o justificar el motivo de su actitud. Por ello, debemos intentar profundizar en su personalidad, preguntarnos por qué son así, en base a qué han creado y cimentado sus pensamientos o actitudes. En definitiva, debemos tener una primera predisposición positiva.

A raíz de esto, mejorará nuestra opinión hacia el cliente/usuario o, simplemente, entenderemos el por qué de su forma de ser y de expresarse, consiguiendo una mejor y más adecuada intervención (lo que reporta un mayor beneficio tanto para el cliente/usuario como para el/la profesional).

En caso extremo de que el/la trabajador social se dé cuenta de que no puede ser objetivo, se recomienda que el caso sea derivado a alguno de sus compañeros del equipo multidisciplinar con el objetivo de no se vea afectado negativamente ninguno de los dos.

Para concluir, queremos resaltar la idea de que debemos tener en cuenta que profundizar en las personas, dar una oportunidad para conocerlos, es algo gratificante, ya que nos liberará de muchos de los prejuicios y estereotipos que la sociedad nos ha ido inculcado desde pequeños.




A modo de consejo recomendamos no categorizar, ni poner etiquetas a las personas (tanto a primera vista como más tarde, cuando ya hay una relación). Es decir, pensamos que lo mejor, el ideal de nuestra profesión está en ser objetivos y no añadir desde un primer momento adjetivos estereotipados a los demás.  



Porque, si nosotros no lo intentamos y somos una muestra de la puesta en práctica de tolerancia, ¿qué ejemplo estamos dando como agentes del cambio y de la igualdad?




Atentamente: Sonia Fumanal, María Meavilla, Yolanda Paúl y Estefania Salas.

viernes, 1 de marzo de 2013

Practica 1


Hace unos días el profesor nos planteó una actividad que consistía en, agrupadas por parejas, entablar dos tipos de conversaciones diferentes. Por un lado, debíamos elegir un tema que a ambas nos gustase y en el que coincidiéramos pero con la dificultad de entablar una comunicación no directa interferida por barreras comunicativas (lenguaje no verbal cerrado, cambios en el tono de voz, mirada dispersa...). La segunda parte consistía en escoger un tema en el que no estuviésemos de acuerdo y hablarlo utilizando nuestras habilidades sociales, una buena actitud, retroalimentación, etc... todos los elementos que refuercen una mejor la comunicación.




A raíz de la puesta en común y el debate (tanto en clase como, posteriormente, entre nosotras) hemos considerado que tanto el rol de terapeuta y cliente no eran fáciles de distinguir, puesto que las barreras comunicativas lo impedían, perdiendo así el matiz profesional y convirtiéndose en una conversación informal. Esto nos ha permitido darnos cuenta que tanto las habilidades sociales de los individuos, como el contacto visual y físico, la actitud y todos los elementos que intervienen en una buena relación de comunicación son los que hacen que se diferencien estos roles.

Sensación del terapeuta y cliente en el tema de acuerdo:


A la hora de tratar un tema agradable y en el que ambas estamos de acuerdo utilizando todo tipo de barreras en la comunicación, nuestra sensación general ha sido de incomodidad. Continuamente se nos iba la vista hacia la persona que hablaba y tendíamos a hablar con un tono de voz agradable y utilizar monosílabos como muestra de que estábamos escuchando a la otra persona (“sí”, “aha”,...), buscando establecer un contacto y refuerzo. A menudo perdíamos el hilo de la conversación y nos sentíamos frustradas porque no podíamos demostrar lo positivo y la emoción que nos trasmitía hablar del tema elegido. Además, se producían muchos silencios incómodos (espirales de silencios que acaban con recursos monosílabos) y, sobre todo, nos interrumpíamos la mayor parte del tiempo porque no teníamos el contacto visual necesario para saber cuándo hablar.
Uno de los aspectos que más hemos resaltado es que el tema, en principio agradable, terminaba por desinteresarnos y tendíamos a no escuchar a la otra persona, convirtiéndose en una conversación sin sentido.

Sensación del terapeuta y el cliente durante el tema de desacuerdo:

En esta parte, también nos sentimos extrañas al tratar algo desagradable, en un tema en  el que no coincidíamos los puntos de vista y opiniones de una forma tranquila y pausada, con una actitud abierta y de escucha. Teníamos un sentimiento de incoherencia, ya que lo que te apetece es gritar, gesticular, etc.
Por otro lado, estamos totalmente de acuerdo con lo que se dijo en el debate de clase: esta forma de conversar mejora la disposición de escucha, facilitando el llegar a un consenso entre las dos partes. Esto se debe a que el tono de voz es adecuado, tranquilo, se da un contacto visual directo que permite observar cómo lo que decimos es recibido y escuchado por nuestro interlocutor y, sobre todo, a que el lenguaje no verbal es positivo, de cercanía, comprensión y escucha, lo que convertía una situación incómoda en una conversación en la que se intercambiaban, de forma respetuosa, opiniones y distintos puntos de vista.



CONCLUSIÓN:

Para concluir, nos gustaría resaltar la importancia de las habilidades sociales y de la comunicación a la hora de entablar una conversación. Elementos como la retroalimentación, una actitud abierta y de escucha, la disposición, la kinésia, paralingüística y proxémica, tienen una presencia fundamental si queremos establecer una conversación adecuada. Porque no solo comunicamos con el lenguaje, también comunicamos con nuestro cuerpo y con nuestra mirada.


Atentamente: Sonia Fumanal , Maria Meavilla, Yolanda Paúl y Estefania Salas.