01/03/13
Prejuicios y emociones
Se plantea la siguiente actividad: Cada miembro del grupo debe
reflexionar individualmente respecto los prejuicios que siente hacia un grupo
de personas en concreto. (Por ejemplo: personas violentas) y los sentimientos y emociones que le provoca
mantener un contacto con éstas. (Por ejemplo: rechazo). Posteriormente, por
grupos, se pondrá en común con el objetivo de plantearse cómo llevar a cabo
estas situaciones lo más profesionalmente posible.
Sentimos rechazo por:
·
Maltratadores de personas o
animales, en concreto taurinos, violadores y aquellos que dañan a menores.
Los sentimientos que nos producen
son miedo, asco, rechazo e incomprensión.
·
Personas impuntuales.
Los sentimientos que nos producen
son enfado, incomprensión y nerviosismo.
· Personales que no escuchan.
Los sentimientos que nos producen
son impotencia, ira y enfado.
·
Personas que en el autobús
escuchan música sin cascos y que retiran el asiento hacia atrás sin pedir
permiso.
Los sentimientos que nos producen
son de nerviosismo, enfado, impotencia y ganas de gritar.
·
Personas excesivamente
competitivas, prepotentes, chulas, “sobradas”, que muestran actitudes
agresivas.
Los sentimientos que nos producen
son rechazo, incoherencia, ira e incomprensión.
·
Personas materialistas y superficiales.
Los sentimientos que nos producen
son de rechazo, asco, impotencia, nerviosismo y enfado.
·
Personas lentas y pausadas.
Los sentimientos que nos producen
son de nerviosismos, impotencia, frustración, incoherencia e incomprensión.
¿Cómo podríamos atenderles si acuden a pedirnos
ayuda?
La mejor forma de enfrentarse a una situación así es siendo
profesionales, objetivos, no podemos generalizar o tener prejuicios previos sin
dar la oportunidad al paciente/usuario o a la persona de explicar o justificar
el motivo de su actitud. Por ello, debemos intentar profundizar en su
personalidad, preguntarnos por qué son así, en base a qué han creado y
cimentado sus pensamientos o actitudes. En definitiva, debemos tener una
primera predisposición positiva.
A raíz de esto, mejorará nuestra opinión hacia el
cliente/usuario o, simplemente, entenderemos el por qué de su forma de ser y de
expresarse, consiguiendo una mejor y más adecuada intervención (lo que reporta
un mayor beneficio tanto para el cliente/usuario como para el/la profesional).
En caso extremo de que el/la trabajador social se dé
cuenta de que no puede ser objetivo, se recomienda que el caso sea derivado a
alguno de sus compañeros del equipo multidisciplinar con el objetivo de no se vea afectado negativamente ninguno de los dos.
Para concluir, queremos resaltar la idea de
que debemos tener en cuenta que profundizar en las personas, dar una
oportunidad para conocerlos, es algo gratificante, ya que nos
liberará de muchos de los prejuicios y estereotipos que la sociedad nos ha ido inculcado desde pequeños.
A modo de consejo recomendamos no categorizar, ni poner etiquetas a las personas (tanto
a primera vista como más tarde, cuando ya hay una relación). Es decir, pensamos que lo mejor, el ideal de nuestra
profesión está en ser objetivos y no añadir desde un primer momento adjetivos
estereotipados a los demás.
Porque, si nosotros no lo intentamos y somos una
muestra de la puesta en práctica de tolerancia, ¿qué ejemplo estamos dando como
agentes del cambio y de la igualdad?
Atentamente: Sonia Fumanal, María Meavilla, Yolanda Paúl y Estefania Salas.


Hola,
ResponderEliminarveo sinceridad y crecimiento personal y profesional en esta práctica. Me alegra.
Saludos,
JD