miércoles, 6 de marzo de 2013

Práctica 2


01/03/13


Prejuicios y emociones


Se plantea la siguiente actividad: Cada miembro del grupo debe reflexionar individualmente respecto los prejuicios que siente hacia un grupo de personas en concreto. (Por ejemplo: personas violentas) y  los sentimientos y emociones que le provoca mantener un contacto con éstas. (Por ejemplo: rechazo). Posteriormente, por grupos, se pondrá en común con el objetivo de plantearse cómo llevar a cabo estas situaciones lo más profesionalmente posible.
Sentimos rechazo por:

·                    Maltratadores de personas o animales, en concreto taurinos, violadores y aquellos que dañan a menores.
Los sentimientos que nos producen son miedo, asco, rechazo e incomprensión.

·                    Personas impuntuales.
Los sentimientos que nos producen son enfado, incomprensión y nerviosismo.

·                     Personales que no escuchan.
Los sentimientos que nos producen son impotencia, ira y enfado.

·                    Personas que en el autobús escuchan música sin cascos y que retiran el asiento hacia atrás sin pedir permiso.
Los sentimientos que nos producen son de nerviosismo, enfado, impotencia y ganas de gritar.

·                    Personas excesivamente competitivas, prepotentes, chulas, “sobradas”, que muestran actitudes agresivas.
Los sentimientos que nos producen son rechazo, incoherencia, ira e incomprensión.

·                    Personas materialistas y superficiales.
Los sentimientos que nos producen son de rechazo, asco, impotencia, nerviosismo y enfado.

·                    Personas lentas  y pausadas.
Los sentimientos que nos producen son de nerviosismos, impotencia, frustración, incoherencia e incomprensión.











¿Cómo podríamos atenderles si acuden a pedirnos ayuda?



La mejor forma de enfrentarse a una situación así es siendo profesionales, objetivos, no podemos generalizar o tener prejuicios previos sin dar la oportunidad al paciente/usuario o a la persona de explicar o justificar el motivo de su actitud. Por ello, debemos intentar profundizar en su personalidad, preguntarnos por qué son así, en base a qué han creado y cimentado sus pensamientos o actitudes. En definitiva, debemos tener una primera predisposición positiva.

A raíz de esto, mejorará nuestra opinión hacia el cliente/usuario o, simplemente, entenderemos el por qué de su forma de ser y de expresarse, consiguiendo una mejor y más adecuada intervención (lo que reporta un mayor beneficio tanto para el cliente/usuario como para el/la profesional).

En caso extremo de que el/la trabajador social se dé cuenta de que no puede ser objetivo, se recomienda que el caso sea derivado a alguno de sus compañeros del equipo multidisciplinar con el objetivo de no se vea afectado negativamente ninguno de los dos.

Para concluir, queremos resaltar la idea de que debemos tener en cuenta que profundizar en las personas, dar una oportunidad para conocerlos, es algo gratificante, ya que nos liberará de muchos de los prejuicios y estereotipos que la sociedad nos ha ido inculcado desde pequeños.




A modo de consejo recomendamos no categorizar, ni poner etiquetas a las personas (tanto a primera vista como más tarde, cuando ya hay una relación). Es decir, pensamos que lo mejor, el ideal de nuestra profesión está en ser objetivos y no añadir desde un primer momento adjetivos estereotipados a los demás.  



Porque, si nosotros no lo intentamos y somos una muestra de la puesta en práctica de tolerancia, ¿qué ejemplo estamos dando como agentes del cambio y de la igualdad?




Atentamente: Sonia Fumanal, María Meavilla, Yolanda Paúl y Estefania Salas.

1 comentario:

  1. Hola,
    veo sinceridad y crecimiento personal y profesional en esta práctica. Me alegra.
    Saludos,
    JD

    ResponderEliminar